miércoles, 22 de marzo de 2017

Flamencos de este siglo

Buen concierto el de Arcangel y Dani de Morón en la XXVII Semana Cultural Flamenca de Paradas, dedicada este año al querido compañero y amigo Manuel Curao.
Concierto del tirón, sin palmeros ni descanso ni pretextos (como eso que hacen otros de hablar un rato entre cante y cante para recuperar el resuello) ni más ná que voz y guitarra desnudas. Hora y media de cante y toque de primer nivel. Escuchamos a un Arcángel maduro que afronta el cante sin atajos ni alivios, arriesgando, con un repertorio escogido y diverso y dando los veinte reales del duro: flamenco de ley el suyo. Y a un Dani de Morón que ha situado ya la guitarra flamenca a bastante distancia del presente.

El recital de Paradas nos dejó reflexiones muy interesantes. La primera, que Arcángel en el cante y Dani en el toque son dos grandes; la segunda, que representan el flamenco de este tiempo, el de una gente joven que viene enraizada desde la tradición, pero que lo practica como corresponde a su visión de este arte y de la vida en general, en un tiempo nuevo que -se quiera o no- tiene entidad propia; la tercera, que los preocupados por el futuro del flamenco pueden estar tranquilos mientras tengamos el nivel de estos artistas; la cuarta, que son profesionales, porque el amateurismo romántico se acabó, y eso comporta maneras distintas de ver el flamenco, de practicarlo y de vivirlo; y la quinta (por no seguir argumentando) que estos dos chicos son bandera de una generación muy preparada, a la que sirven como referente liderando sin complejos un arte tan hermoso e inefable como es el flamenco. ¡Gloria para ellos!

sábado, 25 de febrero de 2017

El BFA muestra los ambientes de Silverio




Búsqueda, memoria, respeto, fidelidad, recreo... Y trabajo. Búsqueda en la segunda mitad del siglo XIX, en que no había grabaciones sino apenas unos grabados y dibujos y una poca literatura para describir al incipiente flamenco.  Memoria de los ambientes, los tipos, las vestimentas, los cantes y los bailes que se hacían entonces para traerlos con gran atractivo al primer plano animado de hoy. Respeto y rigor a la hora de analizar aquel tiempo, recuperándolo e insuflándole vida nueva. Fidelidad histórica, minuciosidad en los detalles y recreo feliz de  lo que constituyó el flamenco y el pre-flamenco en la época de Silverio sin elucubrar ni distorsionarlo.

Y mucho trabajo, sí, porque antes de acometer el proyecto, Rafael Estévez ha visto grabaciones de Las Macarronas localizadas en París y grabadas hace justo un siglo atrás; ha consultado el Archivo de Imagen de la Biblioteca de Nueva York; se ha asesorado con el musicólogo investigador Guillermo Castro Buendía para las músicas y las partituras del siglo XIX; se ha leído cuanto hay escrito sobre la biografía y andanzas de Silverio Franconetti... Es decir, que ha acometido la construcción de la obra desde el conocimiento y el rigor, aprovechando las escasas fuentes existentes, para reproducir la ambientación real de su personaje. Toda esa reconstrucción da idea de la dimensión y la seriedad con que se ha fabricado.

Y le ha añadido trabajo, mucho trabajo en poco tiempo, porque el onubense Rafael Estévez fue nombrado director del Ballet Flamenco de Andalucía en septiembre último. En tan corto margen, ha montado un espectáculo con una propuesta riesgosa y con abundantes desafíos, ha imprimido su sello a la compañía y ha conseguido, con el apoyo de su socio Nani Paños,  una obra que cumple todos los requisitos exigibles a una compañía que debe representar con categoría  y nivel a nuestra Comunidad. En definitiva, "Aquel Silverio" es un magnífico montaje y un excelente espectáculo de ballet flamenco.

En las coreografías encontramos la recreación de los bailes de la escuela bolera, el braceo hipnotizador de las bailaoras evocando aquellas Juana La Macarrona y La Mejorana del Café de la calle Rosario, hace de esto 130 años; la sutileza y la finura de Macarena López y Sara Jiménez dándoles vida hoy... Las coreografías brillantes, armoniosas, plenas de flamencura...

Los cantes que se hacían entonces y los que cantaba el propio Silverio, según nos han contado. Jaleos, polo y caña, serrana, rondeñas, jaberas, peteneras, sevillanas,  un vasto repertorio de cantiñas, seguiriyas, paseo por Triana, guaracha, recuerdos de América y la mítica cabal, que acometió Sebastián Cruz cantando al límite, como era menester. Las tesituras tan altas en que se cantaba por aquellos entonces y que obligaban esta vez a los cantaores a un esfuerzo sostenido durante todo el espectáculo. Cruz, El Mati y Cheito estuvieron espléndidos. Y como sorpresa, la de escuchar cantar -flor de sal de Cai- al bailaor Alberto Sellés (¡Ay, abuelo Aurelio..!). Y la música de Jesús Guerrero, todo un acierto de calidad y encaje.

En el argumentario del relato, el Silverio que viene de América, sus facetas de picaor de toros, de militar, de empresario de Café cantante, de artista, dibujado a trazos imaginativos y bien resueltos. En el desarrollo hay hasta una incursión histórica en el tiempo pasado, recordando el fusilamiento del liberal general Torrijos y el pronunciamiento de Riego, allá por el primer tercio del siglo XIX, como un homenaje a las libertades de la Constitución de Cádiz de 1812, del Cádiz al que regresó de su aventura americana Silverio, el cantaor que ordenó el flamenco y abrió espacios para su profesionalización.

Hay cuadros verdaderamente brillantes, como las ágiles coreografías del primer movimiento y de gran parte del segundo, creando una sensación plástica que nos transporta a un tiempo que no hemos vivido, pero que imaginamos tal como nos lo cuenta el BFA; las estampas tauro-flamencas de la corrida, expuestas y resueltas con una deliciosa creatividad, y la esperada y celebrada cabal,  ya mencionada, del movimiento tercero. 

Así fue el estreno de este Ballet de Andalucía, dirigido por Rafael Estévez,  en el marco del sobresaliente Festival de Jerez, pasando con nota muy alta su première.
Si acaso, un par de pecadillos veniales que son subsanables para sucesivas representaciones: el primero, su duración, que sobrepasó los cien minutos, y eso es demasiado tiempo, cuando se sabe por experiencia que el interés del espectador decae no más allá de la hora y cuarto. Quizás convendría reducir o quitar algunos cuadros para ajustarlo a la duración ideal. Y el segundo pecado estuvo en la terminación, el Réquiem, que deja el final de la obra abajo, decadente y oscura, lo cual no conviene a la regla del espectáculo imperante  en nuestro tiempo: la obra debe cerrar arriba y, tratándose de un personaje tan glorificado como Silverio, ese final se puede y se debe reconvertir. Salvando esto, "Aquel Silverio" es una obra muy sólida, que supone una revitalización del BFA y un triunfo claro de su director Rafael Estévez.  

Inauguración del 21º Festival de Jerez. Teatro Villamarta, 24 febrero 2017.

 

martes, 21 de febrero de 2017

Arcángel, grande del cante

Hoy mismo, 21 de febrero de 2017, la Junta de Andalucía anuncia que concede a Francisco José Arcángel Ramos, ARCANGEL, la Medalla de nuestra Comunidad, un honor para el artista onubense y un orgullo para toda la cultura flamenca onubense, que tiene en él al artista más importante de este tiempo.

El siguiente comentario lo escribí tras una larga entrevista de casi cuatro horas, realizada en 2009 para la colección "Los flamencos hablan de sí mismos", dirigida por Manuel Curao y apoyada por la Universidad Internacional de Andalucía. Ocho años después, la perspectiva que ofrece el transcurso del tiempo es interesante para entender la evolución, la trayectoria y la consagración de Arcángel como grande del flamenco.




Concluía la crónica del New York Times, cuando actuó allí en febrero de 2009, que  “Arcángel es un cantante con mando y apasionado; pertenece a la nueva generación de maestros del cante flamenco. El destinatario de muchos honores, ha deslumbrado al público con sus actuaciones. Es un cantaor grande”. Aquí ya lo sabíamos, pero está bien que lo valoren desde una mirada más distante y menos apasionada. El flamenco, patrimonio cultural inmaterial de la humanidad de hecho, es apreciado desde cualquier lugar del mundo, y sus intérpretes considerados al nivel de las figuras de cualquier otra música. El flamenco ha dejado de ser un exotismo racial para el resto del mundo de hoy y es algo más que un folclore regional.


   Sí. Estamos ante un cantaor grande, aunque tenga sólo treinta y dos  años; un artista con una personalidad cantaora indudable, bien definida y dotado de unas facultades formidables. La voz de Arcángel es cristalina, limpia, fluyente como el agua, capaz de cruzar los espejos, que diría el poeta. Una voz con matices jondos emocionantes, gratificante al oído siempre, con una plasticidad asombrosa...

Conozco a seguidores de su cante que lo adoran, que se emocionan nada más lanzar un ¡ay!,  porque su voz cautiva y atrae como los minerales de esa tierra donde están las raíces de sus genes, que es el Andévalo, Alonso por más precisar. Él se entrega en cada cante a corazón desnudo y el público le suele agradecer con fervor esa comunión que oficia cada vez que canta. Esto es así y yo lo he visto.

Pero antes de afirmarlo,  digo que establecí la distancia que todo aficionado viejo y cabal debe poner para enjuiciar a cualquier cantaor. ¡A ver qué pasa con este niño de voz limpia, a ver si conoce bien el cante o si dice que viene innovando y a lo peor no ha aprendido todavía lo básico, a ver qué piensa..! Al cabo de la conversación que mantuvimos, puedo concluir que el señor Arcángel me aclaró dudas y que es un gran cantaor hoy, al que veremos crecer mucho todavía en los años venideros, porque tiene facultades, curiosidad y capacidad para lograrlo. Buen conocedor de los cantes, Arcángel posee una técnica que le permite dominarlos sin esfuerzo aparente, y un compás, una afinación y una dosificación casi perfectos. Cosa curiosa, porque los cantaores muy técnicos suelen flojear en espontaneidad, en pellizco: él, sin embargo, las armoniza con facilidad extraordinaria. Como se dice en Huelva, este niño ‘sabe más que Briján’ (referido al doctor 0’Bryan, que  era un médico traumatólogo británico de las minas de Riotinto, muy reputado por sus conocimientos, al que el habla popular de la tierra rebautizó como Briján).

Estamos ante un cantaor que conoce su responsabilidad ante los aficionados, que experimenta, que innova sin desplazarse un centímetro del espíritu que anima al flamenco. Experimenta, sí, y está en su derecho, porque Arcángel no traiciona la esencia, no vicia el cante; busca aire nuevo sin salirse del compás ni de la emoción antigua que lo sustenta. Crea, ilustra, abre puertas nuevas, sí, pero respeta la horma. Y esas son virtudes incuestionables. Arcángel trabaja con los mismos planos de los cantaores legendarios, que fueron erigiendo el afortunadamente inconcluso edificio del flamenco hasta hoy. No es un revolucionario ni un trasgresor, sino un clásico que aporta y enriquece. Durante la charla, le escuché en varias ocasiones apelar a la libertad dentro del flamenco, como quien se siente presionado y reclama su aire. Tan respetable es su apelación como la rebeldía de este grupo de jóvenes cantaores que están haciéndonos presentir, me barrunto, una nueva época dorada para el flamenco. Sin mezclar churras con merinas, eh?, que sabemos de quiénes estamos hablando y quiénes no caben  en esta banasta.

Hace poco, escuchando la antología de The Beatles, concluí que  aquellos ‘revolucionarios’ de los años 60 me sonaban tan clásicos, fueron tan revitalizadores de lo que había en la música ligera hasta que llegaron ellos, que pensé: si no hubiera sido por estos melenudos, la música habría quedado estancada, como un fósil por falta de aire nuevo... Pues tal con Arcángel y su generación de ramas nuevas del árbol flamenco. Acéptenme para dentro de quince o veinte años –y yo que lo vea- la apuesta de verificar si acierto o me equivoco. Arcángel será un clásico para entonces. Ya lo es. Él es un grande del cante, como finalizaba la crónica del New York Times la última vez que actuó en la capital del mundo.

Estamos ante un cantaor que sabe muy bien y ha fijado desde el principio un campo abierto de juego, para sí y para los aficionados. Y los límites de este arquitecto de la música flamenca no son otros que estos: la estructura del edificio del cante es una y se respeta, pero el diseño de los habitáculos que lo componen admite y necesita nuevos aportes estéticos. Y en esa tarea está Arcángel, como están otros de su generación. Ni fusiones ni ortodoxias; no hay que obsesionarse con extremosidades, que los tiempos están cambiando a velocidad de vértigo. ¿Saben de dónde parte, a qué fuentes viaja permanentemente a beber el onubense? A los clásicos. A Chacón, a la Niña de los Peines, a Caracol, a Pepe Marchena, a Camarón, a su idolatrado Morente ...Y de ahí extrae las mieles con que nos deleita cuando canta.

Una coda final a esta breve presentación, ya que he conversado con uno de los más importantes jóvenes flamencos del momento. Esto no va por Arcángel, pero siento necesidad de decirlo.


Cuando hablas con los flamencos jóvenes, se vislumbra en ellos que están en un contexto nuevo, y queda en el aire como un estertor de lo que fue y está dejando de ser... Algo se está perdiendo y algo nuevo emerge. Los jóvenes flamencos tienen una actitud que nos hace sospechar que aquel Romanticismo, que fue abono y cobertera natural del flamenco, no es ya su teta nutricia. Pero como el flamenco es un espíritu, nunca morirá; sólo le dan crisis, y no es el caso ni el momento, porque está bien vivo y vigoroso. Los artistas viejos cantaron conforme a la manera y la sociedad en que vivieron; hoy, el espíritu flamenco se mantiene, pero se vive y se canta de otro modo. Tanto influye su ambiente vital en la obra del artista popular...  Es ley de vida. Así fue siempre la evolución: lo nuevo, sobre lo viejo, y para mantener lo viejo, la memoria. Esperemos que nunca el olvido. 

martes, 24 de enero de 2017

Manuel Liñán, la vanguardia del baile flamenco


Dice Liñán que se siente bien bailando con bata de cola, que la necesita para su equilibrio emocional. Es su gusto y una necesidad psicológica. Pero esta es una prenda genuinamente femenina, que realza con armonía la belleza de la silueta de la mujer, creando una plástica de enorme reclamo estético. Y esto no ocurre cuando la utiliza el hombre, en quien, más que un dechado de encantos, lo que hace la bata es comportarse como una manta agitada por las fuerzas más impetuosas del varón. Definitivamente, la bata de cola no es el atuendo apropiado para el baile masculino,  pero si es su gusto... Tampoco es que Liñán sea el primer transgresor que la usa, porque ya experimentaron con ella otros bailaores antes que él; existen precedentes en el cambio de roles con la vestimenta en los dos sexos y, además, siendo granadino él, lo que hace es remontarse a la tradición, pues la primera bata de cola como la actual dicen que se utilizó en Granada allá por el siglo XIX.

Lo que sucede es que en esta obra el cambio de roles forma parte esencial del discurso que Liñán ha construído y que tiene la intencionalidad de mostrar un cuerpo en el que conviven dos sensibilidades, dos almas, la masculina y la femenina. El argumento dice que "Reversible" es "un espectáculo inspirado en juegos infantiles que conducen al intérprete a un camino por recuperar sus primeros impulsos, un viaje emocional a la memoria de los primeros recuerdos.., una parada al centro de uno mismo...".  Lo que percibimos es más rotundo que eso: es una confesión y un alegato en toda regla sobre la propia homosexualidad, desde la confusión identitaria del adolescente a su complicada manifestación íntima y social. Con sutileza y sinceridad, la obra destapa un tema que aún mantiene mucho de tabú, sin cargas las tintas en victimismos ni culpabilidades. El colectivo LGBT podría acoger "Reversible" como una bandera propia, porque es una obra que le da visibilidad. 

Me parece observar que los bailaores/as homosexuales están construyendo en los últimos años una estética expresiva propia en el baile flamenco. En una danza tradicionalmente marcada por los arquetipos hombre-mujer, la alternativa de su nuevas propuestas es cada vez más frecuente de ver en los escenarios (el propio Liñán, Marco Flores, Rocío Molina).


En cuanto a la obra en sí, Liñán demuestra con "Reversible" que es posible transgredir los códigos estilísticos que durante mucho tiempo marcaron el baile flamenco sin perder jondura; con vanguardistas como él, el baile flamenco se enriquece y expande sus fronteras pleno de imaginación, de intensidad y de acierto.  Por eso hay que agradecerle a estos innovadores que se atrevan a traspasar límites, porque ello demuestra que el espacio flamenco puede ir más allá de lo conocido sin que pierda alma ni coherencia.

La coreografía de la obra es un ejemplo de precisión y de técnica; el discurso narrativo es claro y consistente; la originalidad define a la obra. ¿Y qué decir del baile de Liñán? Que aporta nuevos criterios al lenguaje expresivo del flamenco, que se entrega de manera total durante la hora y media que está bailando sin parar, que baila con una soltura y una convicción contagiosas... Y si a todo esto se añaden un magnífico plantel de cante, de toque y de baile, se entenderá por qué el público del Teatro Bernadette Lafont de Nîmes le premió con sus aplausos entusiastas al final del espectáculo y por qué la crítica valora a Manuel Liñán como uno de los bailaores más grandes que tiene hoy el panorama flamenco actualmente.

Festival Flamenco de Nîmes 2017
Manuel Liñán. "Reversible"
Baile, invitados: Lucía La Piñona y José Maldonado. Colaboración especial de El Torombo.
Cante: Miguel Ortega y David Carpio.
Guitarras: Francisco Vinuesa y Pino Losada.
Percusión: Miguel El Cheyenne










viernes, 20 de enero de 2017

Miguel Angel Cortés, el guitarrista total







Nos contaba en una ocasión Miguel Angel Cortés a un grupo de periodistas del flamenco cómo en cierta ocasión, en la que tocaba con una orquesta sinfónica en Italia, un violinista estaba muy nervioso porque le habían perdido en el aeropuerto la maleta en la que llevaba la partitura que debía usar aquella noche.

-. Pero tú te sabrás de memoria esa partitura, de tocarla tantas veces. No debe preocuparte, - trató de tranquilizarle.

A lo que el violinista le contestó que no sabría actuar sin tenerla delante.  Bien diferente es el caso del guitarrista flamenco, que lleva la partitura en su memoria, en la cabeza. No le hace falta ver el pentagrama. Hace unos años, un estudio de neurólogos y especialistas del  cerebro llegaban a la conclusión de que los de los guitarristas flamencos tienen cualidades especiales. Son músicos tan dotados que el prodigio de su retentiva  y su creatividad no tienen parangón con los de otros músicos. No diré que todos los guitarristas estén a ese nivel, pero existe un grupo de ellos que son verdaderamente prodigiosos.

Anoche, mientras escuchaba a Miguel Angel Cortés en su concierto en el teatro de Nîmes, me acordé de todo esto. Fue tal la exhibición de sus capacidades, tan amplio su registro, la virtuosidad de su ejecución, el abanico  de sonidos que sacó de sus bajañís que salí convencido de haber visto un magnífico espectáculo de uno de los más importantes tocaores que tiene el flamenco actualmente.

En el escenario, tres guitarras, como el jinete que prepara sus caballos para habilidades y ejercicios diferentes. En el centro, una tarima  una luz concentrada en su figura. Desde ahí ejecutó medio concierto dedicado a la guitarra clásica española.  Con sutileza, una pulcra digitación y una elegancia ejemplares, fue desgranando composiciones hasta cerrar la primera parte con la marcha de Semana Santa “Estrella sublime”.

Sin duda, su colaboración con el guitarrista clásico José María Gallardo ha enriquecido musicalmente a Miguel Angel. Aquel precioso encuentro de guitarras que fue la obra de ambos “Lo Cortés no quita los Gallardo”, le ha valido al granadino para ensanchar su mundo interior y su musicalidad. Ya le ocurrió a otros, como a Rafael Riqueni por ejemplo, que también se encontró en un tiempo con Gallardo. Estas guitarras han obtenido muy buenos réditos artísticos de esas confluencias. El horizonte musical de todos ellos se ha ampliado de manera notable.

La transición hacia la segunda parte, dedicada al toque flamenco, la marcó un zapateado en el que Ana Morales puso su nota de baile iniciado desde una silla y que gustó mucho al público, después del monólogo de toque (¿quizás un poco largo?) de la primera parte.

La segunda se abrió con un off de niños recitando el poema infantil El largarto está llorando”, de Federico García Lorca. Sonidos de niños jugando, de pájaros en la Naturaleza…  un disparo que encoge el corazón, que sigue encogiendo el corazón ochenta años después del asesinato de Víznar.  Y ahí, una toná, un cante seco, a palo seco de Dani Bonilla. Para seguir con unos aires de Cádiz, con el compás y las voces de Makarines. A estas alturas, el componente flamenco del concierto ha tomado la plaza  y el teatro  va subiendo en intensidad. En algún momento, la guitarra de Miguel Angel Cortés genera un sonido que es hermano de la de Manolo Sanlúcar,  y me viene a la memoria algo que me confesaba en cierta ocasión: “a veces voy a Sanlúcar, tocayo, y busco a Manolo para escucharlo hablar, para oir la humanidad de su discurso”. Gente sensible.

Luego, una seguiriya que debería tomarse como modelo de ejecución,  con un frenesí y una técnica tales que jamás hemos oído nada igual. Si pueden escucharla verán que no exagero. No será fácil volver a oir algo parecido.
Y tangos. Evocación de los toques de Paco de Lucía. Sonidos mágicos de una guitarra que es única y es a la vez todas las guitarras, de un tocaor total: clásico, flamenco, concertista, acompañante, creador… Demiurgo.

Para rematar, unos tangos de Graná, su tierra, la querencia de los Cortés. Baila Ana Morales sobrada de gracia y  arte, emulando a los bailes del Sacromonte e insinuándose con esa procacidad de las bailaoras granaínas, mientras desde el cielo del escenario nievan papelillos de fiesta. Un remate en todo lo alto para un espectáculo bien diseñado que nos ha mostrado a un guitarrista total.

Guitarra: Miguel Angel Cortés
Coros, cante y palmas: Los Makarines y Dani Bonilla.
Percusión: Jorge Pérez El Cubano
Baile, artista invitada: Ana Morales.

Lleno en el Teatro Bernadette Lafont de Nîmes. 

jueves, 19 de enero de 2017

Poderío de Jerez





Jesús el poderoso, Jesús Méndez. Actuó anoche en el Festival Flamenco de Nîmes dejando constancia de su poderío. Con esa voz rotunda y bien educada, con ecos heredados de la memoria de los viejos cantaores que hicieron de este arte un manantial inagotable de emociones... El de la Plazuela, ya se sabe, está en la antípoda de la floritura o del gorjeo exhibicionista; su voz busca profundidades, sonidos viejos  y ese es su campo de juego. Búsquenlo en lo verdaderamente jondo, que le fluye por la sangre como un manantial vivo e inagotable; confíen en su entrega, que nunca falta; en su jerezanía por donde quiera que va cantando. Jerez nunca falla.  Y Jesús Méndez tampoco. Es puro Jerez.

Me gustan los artistas honrados que van a darlo todo  cuando se suben al escenario. Jesús Méndez pertenece a ese puñado de jóvenes flamencos honrados y cabales que están perpetuando la tradición, en estos tiempos tan ‘líquidos’ (que diría Bauman) y tan cambiantes. Ellos están cimentando el flamenco de hoy con el hormigón armado de sus convicciones y su fidelidad a las esencias del cante. Como antes, porque, en lo esencial, el flamenco es eso: un cantaor solo, con un guitarrista y si acaso un extra de percusión y dos palmeros. Así de elemental para desarrollar todo un espectáculo con hora  media de cante ante un público que en su mayoría no entiende las letras de lo que está escuchando y que, por lo tanto, se pierde una parte sustancial del mensaje. Es un mérito y un indicador, que dice mucho de la afición a nuestro arte que hay en el sur de Francia.  Y, desde luego,  hay que aplaudir la osadía de un programador como Patrick Bellito, que se atreve a traer al teatro de Nîmes un espectáculo de estas características. Así que felicidades a los artistas, al programador y  al público. Esto no suele pasar en nuestra Andalucía, la verdad.

Jesús Méndez hizo la mayor parte de los temas de su nuevo disco, que va en la línea del flamenco clásico al que nos tiene acostumbrados, a lo que esperamos de él.  Mientras ‘jerezaneaba’ en el escenario, sus amigos David Carpio y Miguel El Londro le jaleaban desde el patio de butacas. Inició por tonás, acordándose del gran Tomás Pavón, y siguió por alegrías,  granaínas, tientos y tangos (espléndido su recorrido), soleares (paseando por los estilos de Cádiz, Alcalá, Triana);  unas  seguiriyas que ensimismaron al público siguiéndole, y  el remate por bulerías. Aplausos sinceros de una sala casi llena.

Merece mencionarse singularmente la guitarra de Manuel Valencia, el gran escudero que todo cantaor quiere tener a su lado acompañándole, porque a Manuel le gusta el cante, lo trae mamao de familia  y se ajusta al cantaor como un guante finísimo. Es imposible no cantar bien con Manuel Valencia, porque es tan brillante, tan respetuoso con el cantaor y tan buen tocaor que hace fácil cualquier trance. La guitarra jerezana, ese estilo peculiar, clásico y flamenquísimo del viejo toque de Jerez, tiene en Manuel Valencia un estandarte  y una garantía.


Y la magia del compás que son capaces de articular  las palmas de Diego Montoya y  Manuel Salado, con la percusión de Luis Carrasco.    

viernes, 2 de diciembre de 2016

El 27º Festival Flamenco de Nîmes


Se presentó en Sevilla la próxima edición del Festival flamenco de Nîmes, que se celebrará entre el 12 y el 21 de enero de 2017. Se trata de la primera muestra que abre el calendario flamenco internacional cada año, convertida ya en una referencia de calidad para los aficionados y en uno de los festivales más importantes de cuantos se celebran en el mundo. En la fría capital del departamento de Gard, el flamenco da calor de cercanía cada invierno a muchos de nuestros artistas y a los muchos aficionados que hay en el Midi francés.

Los nîmeños suelen decir que su ciudad es la Sevilla de Francia, porque dos culturas tan profundas como son el flamenco y  los toros tienen idéntico arraigo y acogida en ambas. Pasear por las calles de Nîmes es encontrar a cada paso referencias culturales, fabriles y menestrales idénticas a las nuestras. Yo creo que lo que nos emparenta tan intensamente con la ciudad francesa es el sustrato de lo romano; la cultura, los gustos, la sociología, el sentido de la belleza y de la emoción de la Roma antigua que nos unificó las almas de media Europa, ese es nuestro punto de encuentro. Seguimos viviendo con el modelo de la vida romana. 
La de los organizadores de este festival (su director François Noël, el gran gurú Patrick Bellito, y el fundador y alma mater Pepe Linares) es una visión fresca del flamenco, una mirada llena de respeto, de admiración y de modernidad hacia la verdad profunda de este arte. Buen gusto, en definitiva. Todo lo cual transpira desde su pulcra cartelería callejera, hasta el expresionismo formidable de sus fotos, pasando por el sentido del espectáculo que aplican en este Festival y rematado con el  acogedor trato humano que encontramos, invariable, un año tras otro.

Y es una mirada esencialmente fresca y atinada en la selección de artistas con la que se confecciona cada programa. Hay propuestas que se ven antes en Nîmes que en los escenarios andaluces; propuestas -digámoslo así- libres de ciertos prejuicios que aquí determinan que no podamos ver carteles como algunos que allí se exhiben. Hay festivales de la Francia flamenca (también ocurre  en Mont-de-Marsan) que nos adelantan y abren caminos con sus muestras artísticas. En el ambiente de pasión por el flamenco que hay en Nïmes, la ortodoxia y la vanguardia comparten espacio. Siempre con artistas de primera categoría, el ayer, el presente y lo que apunta a ser el flamenco del mañana, desfilan por sus escenarios con la máxima naturalidad y aceptación.


 Entre los más destacados de los trece espectáculos de la próxima edición,  encontramos a Rocío Molina con su nueva obra "Caída del cielo"; un homenaje a la taranta, iniciativa del alma mater del festival, el jiennense Pepe Linares;  el cante de Jesús Méndez y de María Terremoto; el piano de Dorantes;  las guitarras solistas de Rafael Rodríguez, Miguel Angel Cortés y Vicente Amigo; el cante de Perico Santiago con la guitarra de Antón Fernández, dos gitanos franceses de Marsella que destilan flamencura de la mejor de entre la vasta afición franco-española que hay por el sur de Francia; los espectáculos de baile de Manuel Liñán y de Andrés Peña y Pilar Ogalla y una serie de conferencias, proyecciones de películas y exposiciones que complementarán la muestra. 


Entre las conferencias, destacaremos por su valor memorístico y emocional la charla que protagonizarán José María Velázquez Gaztelu y Pedro Peña, porque aunque el propósito sea  hablar del libro  "Los gitanos flamencos", obra del actual patriarca de la familia Peña, sobre ese encuentro planeará, sin duda,  el recuerdo nostálgico de su hermano Juan Peña El Lebrijano, fallecido el pasado julio y a cuya memoria  estará dedicada esta edición.